La inseguridad te condiciona.

Cuando tenemos miedo, nuestras acciones se alinean con él. Si es un miedo racional, las respuestas que daremos serán lógicas y sostenibles, pero si es un miedo irreal, nuestras respuestas o acciones ya no lo serán tanto.

En este artículo voy a hablar del miedo que nace como reacción a la inseguridad. ¿Y porqué digo que la inseguridad te condiciona?, pues porque altera nuestro diálogo interior. 

La inseguridad es la madre de la duda y la indecisión. No tomas decisiones por miedo al qué dirán, y te da miedo la opinión del otro porque tu valoración personal e identidad, están enfocadas en el exterior más que en el interior.

Las personas con inseguridad construyen identidad filtrándose por lo que los demás les dicen de sí mismos o, aún peor, sobre lo que interpretan y “adivinan” de los demás acerca de si mismos.

¿Qué pasa cuando dudas? Que preguntas.

Y ¿Qué pasa cuando preguntas? Que te responden.

Una persona insegura necesita preguntar, pues le cuesta tomar decisiones porque le da miedo la consecuencia. Por lo tanto desarrolla esa necesidad de conseguir corroboración a través de preguntar opinión sobre sus propios asuntos.

Esto en sí, no es un problema, es necesario preguntar de vez en cuando para obtener respuestas y soluciones sostenibles, y realizar preguntas a personas de nuestra confianza, nos puede ayudar a salir del atolladero, en el que muchas veces podemos vernos metidos. Pero se convierte en problema, cuando nos somos capaces de tomar ninguna decisión importante sin realizar una mínima indagación, o no tan mínima, cuando necesitamos reafirmar y confirmar que nuestra decisión es la correcta y que no nos va a acarrear repercusiones no deseadas.

Porque si no lo hacemos, si no conseguimos estas respuestas que nos tranquilicen, nos bloqueamos.

 

 

 

El miedo llama al lobo

 

¿Porqué el miedo llama al lobo?

Pues por una “cosa” llamada atracción por vibración. Seguro que has oído hablar alguna vez de esa creencia popular que dice que “los perros huelen el miedo” (que no es cierto, por cierto, sólo notan cambios de comportamiento y hormonales provocados por el miedo, lo que les lleva a desconfiar de las personas con miedo). Pues esta creencia tiene algo de verdad cuando se trata de la ley de la atracción. 

Según nuestra vibración atraemos a personas que se acoplan a ella. Ya sea por resonancia, es decir, a iguales o ya sea por compatibilidad, un “preguntador” atraerá a un “respondedor”, un victimista atraerá a un intimidador, etc.

Cuando enciendes la luz roja del miedo, pasan cosas. Se activan respuestas en ti y en los demás. Y, muchas veces, acabamos atrayendo aquello que más tememos. Principalmente, porque lo estamos llamando constantemente. 

Llevo cinco años escribiendo en mi blog y dedicándome al mundo del crecimiento personal. Si estás leyendo estas líneas es posible que me conozcas o es posible que acabes de entrar aquí por primera vez. Si eres el primer caso habrás leído en cinco años muchos de mis propios ejemplos de vida, y también te habrás dado cuenta de que, desde hace un tiempo, ya no publico tantos ejemplos propios.

Gracias a este mundo de las redes sociales, han salido miedos míos que no tenía muy claro que estuvieran. La vida virtual favorece que algunas personas se escondan tras las cortinas de las pantallas y se sientan en posesión del derecho a invadir la vulnerabilidad ajena. Esta es la razón fundamental por la que ahora publico desde el story telling menos a menudo.

Tanto miedo me daba que me criticasen, que no me podía estar tranquilita, enfocada en mis cosas, haciendo mi trabajo, no, me ponía a preguntar por doquier, a valorar demasiado la opinión de otras personas que, por supuesto, respondían a mis preguntas. Y al final, acababa liándome aún más y saliéndome de mi centro, que me costaba muchísimo tiempo y energía en volver a centrarme y ubicarme en mi estado auténtico. 

Pero si analizo esta situación desde una perspectiva de crecimiento espiritual, que para mí es el para qué de todo, gracias a estas experiencias han salido miedos a la superficie, y he podido trabajar con ellos. Me he dado cuenta de que, cuando caigo en la inseguridad me transformo en preguntona, cuido demasiado lo que digo y como lo digo, en un intento absurdo de no ofender a nadie y de complacer a todos…es divertido, la verdad. Es el camino del autoconocimiento.

Nos abandonamos un poquito cada vez que nos forzamos a ser lo que no nos nace.

Y ¿Sabes porqué creo tanto en el story telling? 

Si estás familiarizado con el  marketing online, lo habrás oído muchísimo, que el contar historias vende…pero no, no es esa la razón por la que lo hago. Es cierto que las historias con alma movilizan más, porque los seres humanos nos conectamos desde el sentir, pero mi razón siempre ha sido la misma, y después de estos cinco años no ha cambiado ni un poco. Cuento mis historias para acercar la experiencia de algo, que para mucha gente es inalcanzable, a lo alcanzable.

Cuento mis historias a los que me leen en el mismo formato con el que se las cuento a mis hijas.

¿La inseguridad te condiciona?.